
Hay sitios con mucho encanto, y uno de ellos es Villanueva de Cangas. El Monasterio te recibe con paz, es como si bajase tu nivel de actividad y el ritmo pausado se incorpora a tu vida en ese momento, una vez que pasas bajo el arco que da entrada al lugar. Allí está el Parador de Cangas de Onís y el recuerdo de Dulce María Prida, que siempre estaba atenta a la evolución del tejo que allí vive, y que nos dejó hace un tiempo; el parador ha puesto su nombre a la biblioteca del Monasterio.
Después de ese momento de añoranza y recuerdo, dar un paseo por los exteriores y contemplar como va el tejo mayor y como evoluciona el nuevo, acercarse al bosquete, denominado Prau Baxu, en este otoño benéfico en temperaturas que estamos disfrutando es un lujo. Lo pequeño es hermoso y aquí se puede comprobar, el hotel de insectos es una muestra. Si nos tomamos un café en el Parador ya es para cerrar el círculo de bienestar.
Ha sido una sorpresa encontrarse un banco junto al tronco del tejo y un proyector de luz bajo la copa del ejemplar. Estos elementos no debieran estar ahí, dañan las raíces de un tejo que ya ha padecido mucho con las obras realizadas en el Parador hace unos años; el banco es innecesario y el punto de luz quizás debiera ubicarse en otro lugar, aunque es probable que no se consiga el efecto deseado. El Plan de Manejo del Tejo es claro en ese tema.
El pie tiene un aspecto algo mejor que en la última visita, el color de la hoja es más intenso, así que espero que siga así por mucho tiempo. Otra cosa es el tejo joven, el pobre, parece no tener suerte y verlo da un poco de pena; es un esqueleto con algunas hojas endebles como se puede observar en la foto.
En las fotos podemos ver un resumen de la visita:





Me ha parecido un post maravilloso