
Hay sitios con mucho encanto, y uno de ellos es Villanueva de Cangas. El Monasterio te recibe con paz, es como si bajase tu nivel de actividad y el ritmo pausado se incorpora a tu vida en ese momento, una vez que pasas bajo el arco que da entrada al lugar. Allí está el Parador de Cangas de Onís y el recuerdo de Dulce María Prida, que siempre estaba atenta a la evolución del tejo que allí vive, y que nos dejó hace un tiempo; el parador ha puesto su nombre a la biblioteca del Monasterio.
Después de ese momento de añoranza y recuerdo, dar un paseo por los exteriores y contemplar como va el tejo mayor y como evoluciona el nuevo, acercarse al bosquete, denominado Prau Baxu, en este otoño benéfico en temperaturas que estamos disfrutando es un lujo. Lo pequeño es hermoso y aquí se puede comprobar, el hotel de insectos es una muestra. Si nos tomamos un café en el Parador ya es para cerrar el círculo de bienestar.
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