No me gusta ese desarrollismo sin límite que nuestros gobernantes dicen es tan positivo para el mejoramiento de la calidad de vida y, cuando visito zonas tan degradadas como Ribera de Arriba, tengo una sensación de tristeza que me cuesta olvidar. Contemplar el tejo de Ferreros en ese entorno energético, donde las centrales térmicas impiden oír el ruido de las hojas de los árboles, da pena.
Hablamos con una señora del pueblo que muy amablemente nos comentó que el tejo estaba malo y que no sabía si se debía a su edad o a la térmica que termina con todo; no solo el tejo sufre, los árboles frutales dejan de hacer su función, las plantas no son capaces de vivir en este lugar tan deteriorado.
Buscando información de la localidad, hay una referencia a la misma en el Madoz donde hace mención a un clima saludable y también que «hay un puente de madera para el servicio de los vecinos y en el lado de Barco recibe las aguas del rio de Lena en cuya confluencia hay pozo abundante en salmones, truchas y anguilas» claro que estos son datos de 1845-1850.

No pudimos medirlo porque está ubicado en una finca cerrada, colindante a la iglesia de San Pedro de Ferreros (reparada en 2007), pero su aspecto era malo, con apenas hojas y el tronco muy deteriorado.

Este año realizamos una visita a la pareja para ver su estado y disfrutar del lugar; buscamos a Celia, la señora que charló con nosotros el año pasado y ya no estaba -falleció este invierno- así que realizamos el camino solos. Para llegar a ellos hay un pequeño recorrido con el suelo hormigonado y un murete de piedra a derecha e izquierda que flanquea el camino. Este muro es un sostén de vida, emociona contemplar la cantidad de pequeñas plantas que salen entre sus piedras y lo mejor es encontrar tejos y algún que otro acebo, aferrados al muro de lascas.

El pueblo de Soto de Ribera (parroquia de Soto) con unos paisajes destrozados por el denominado desarrollo, tiene en las afueras del mismo la iglesia de San Saturnino, que pertenece a la zona arciprestal de Morcin, y en su plaza una teja que lucha por sobrevivir al encementado, con una corra de piedra y la central térmica a unos escasos metros, además de la poda realizada al ejemplar al ser afectado por un rayo hace unos años.

