Este lugar de tejos, olvidado por casi todos, es un sitio que tiene muchas singularidades y una de ellas es que en el campo de la iglesia conviven en perfecta alineación cuatro tejos centenarios que aportan al conjunto un valor especial y es el número; de su estado se podrían decir otras cosas, pero ahí siguen disfrutando de ese clima húmedo que tanto les conviene. Todo el pueblo tiene tejos alrededor de las casas, aunque la tónica de los últimos años es a podarlos de manera que su supervivencia está bastante comprometida; tendrán sus razones, pero perder este patrimonio que sus mayores han legado me provoca mucha pena. Es obvio que la sensibilidad hacia estos ejemplares en un lugar con tantos es casi inexistente. Cabe destacar la figura de Félix González Sampedro como valedor de los árboles y -en especial- de los tejos. Tiene plantados varios, uno de ellos el del Conceyu’l Texu que crece a su ritmo y presenta un aspecto hermoso.
Me gusta Rozadas, allí se hizo un Conceyu’l Texu hace unos años y es uno de los lugares dentro del selecto club de los 12 en el que gracias a la labor de muchos y a la sensibilidad del consejero de Cultura, Emilio Marcos Vallaure, se les dió una figura de protección a esos tejos centenarios. Aunque visto el estado de alguno de ellos, casi mejor que no se les concediese nada.

Las fotos tomadas este verano reflejan el conjunto armonioso, aunque los ejemplares tienen la copa bastante rala, hay mucha hiedra en los troncos y algún que otro acebo está insertado en el tronco.









































