Tejos de Iglesia en Asturias y la Conservación del Patrimonio Natural

En mi ordenador tengo una carpeta en la que guardo los nombres de lugares con tejos de iglesia que, gracias a los avisos de visitantes de esta bitácora, no están incluidos en el censo. Este verano, extraño en lo climatológico, pude visitar alguno de ellos y, para disgusto mío, no había ningún ejemplar.

El paseo ha sido agradable, enriquecedor, y he podido conocer lugares a los que jamás habría ido. Lineras (explotación minera y castro en las cercanías, como se recoge en un trabajo de Ángel Villa Valdés), en Santalla, es uno de ellos. Población hermosa, con un regato (río Lineras, afluente del Agüeira) que alegra y pone música al lugar y una capilla preciosa (bajo la advocación de San Antonio de Padua) con una espadaña exenta, pero de tejo nada. No importa, estar allí ha sido reconfortante y agradezco la información a quien me lo había apuntado como posible tejo de iglesia. Recomiendo la visita al lugar por disfrutar del paisaje y la paz que allí se siente.

Después de visitar este lugar, aún quedaban los de Allande, Teixedo y Castello. Tampoco había tejos, en la capilla de casona sita en Castello pero sus dueños, amables y acogedores, nos comentaron que detrás de la capilla -bajo la advocación de San José- había un ejemplar de pino que tuvieron que talar porque sus raíces amenazaban la existencia de esta casona de más de doscientos años. Darío, el nieto de los dueños, nos enseñó el lugar. A Teixedo no llegamos porque la carretera se convirtió en pista y nos aconsejaron no bajar debido a su mal estado; también nos aportaron la información de que allí no había tejo porque la abuela de Darío era familia de los de la casona y la conocía bien. Las fotos son de Castello:

El último que visitamos fue el de Valdedo, yendo hacia Malneira en Grandas de Salime y tampoco encontramos tejo. Nos dijeron que había una casona en el lugar y que tenía una capilla pero no sabían si tenía tejo. No lo encontramos.

Todos estos paseos por la geografía astur reconfortan aunque no se encuentre lo que se va buscando, aunque deja un poso de tristeza al contemplar el abandono de las zonas rurales y el desconocimiento que se tiene de estos árboles pluricentenarios que allí estaban. Hace tiempo un amigo me comentó que Asturias era un poco arboricida y -quizás- tenga razón. En general se valora poco el patrimonio y menos el natural. Nos queda un trabajo enorme en este sentido y espero que en los colegios se vaya abriendo la mirada de los alumnos hacia la gran riqueza natural que les rodea.

Hay que confiar en que generaciones futuras sepan mantener y acrecentar el patrimonio natural.

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