La memoria del bosque

… Este es el sugerente título del nuevo libro de Ignacio Abella que hoy se presentó en el Foro Abierto de la Librería Cervantes de Oviedo; la atractiva portada  invita a ojear el libro lleno de preciosas fotos y magníficos textos. Todo ello nos ha de llevar a replantear nuestra relación con la tierra en la que vivimos y considerarnos como parte de ella y no sus dueños.

Un canto a la esperanza se desprende de alguna de las fotos en las que aparecen, al lado de los árboles niños y niñas jugando, plantando… En ellos está el futuro y es responsabilidad nuestra transmitir lo poco que sabemos y en este libro podemos apoyarnos para iniciar la aventura de vivir el bosque.

La memoria del bosque

leyendas

En la sierra de Albarracín, este árbol da nombre a la zona donde se puede encontrar “LAS TEJEDAS” a 1.700 m., de altitud, y al rio Tajo, que los romanos llamaban Tagos. Hace siglos, cuenta la leyenda, los albeitares (veterinarios, practicantes), hechiceros y curanderos atribuían a este árbol poderes especiales, como la prevención de accidentes; para conseguirlo durante todo el año, había que seguir una serie de pasos: La noche de San Juan, entre el 23 y 24 de junio, las gentes, con distintos símbolos religiosos (crucifijos, medallas, escapularios, imágenes, etc.), se colocaban al resguardo del Tejo y comenzaban las oraciones, guiadas por estos personajes que lo aconsejaban. Acudían personas de toda la sierra y de toda condición, y todos pedían protección contra distintos accidentes (laborales, sobrenaturales derivados de las brujas, etc.). Esto sucedía a las 12 de la noche entre el 23 y 24 de junio, cuando, según la leyenda, el Tejo a la luz de la luna florecía y granaba al mismo tiempo, ofreciendo a los que en él se refugiaban el seguro preventivo de accidentes para todo el año, pero no de enfermedad.