Hace tiempo que no voy de tejos, la vida algunas veces nos complica los planes; revisando el archivo de fotos me encontré con una del tejo de Berducedo en el concejo de Allande, pasto de las llamas e invadido por eólicos (un atentado al paisaje sin precedentes), tomada en el año 2010 donde el ejemplar lucía como solo sabe hacerlo él y otra -de 2019- en la que no se quien se dedicó a rasgarle las ramas inferiores. Podar un ejemplar centenario sin necesidad para mí es un horror, pero arrancarle las ramas de esa manera duele. Me gustaría que las personas encargadas de estos cometidos las realicen con el mayor de los respetos y empleen la maquinaria adecuada. Dejo este par de fotos para que se vea «la tarea»


